Iskonawas impulsan su Gobierno Autónomo: «Queremos ser presente y futuro, no solo estar en los libros de Historia”

Jóvenes del pueblo indígena Iskonawa, cuyo origen se localiza en la cuenca del río Callería (Ucayali), lideran una iniciativa organizacional que busca unir y fortalecer a un pueblo que cuenta con poco más de un centenar de personas. Integrantes que, además, viven dispersos y han sufrido grandes pérdidas en su cultura al convivir, desde que hace seis décadas entrasen en contacto, con el pueblo shipibo-konibo mayoritario en la zona. Así lo valoran, con su propia voz.

La reunión para la conformación del Gobierno Autónomo de la Nación Iskonawa se dio el sábado 16 de enero en la comunidad Chachibai. Foto: Cedida

Por: CAAAP

17:30 | 18 de enero de 2021.- Quieren unirse, reconstruir y fortalecer su identidad como pueblo indígena, hacer respetar sus territorios ancestrales y que su voz se escuche ante el Estado que, frecuentemente, no atiende sus demandas y no vela por sus derechos y necesidades reales. Y es que, desde que hace unos 60 años sus abuelos iniciasen el proceso de contacto, el impacto que esta ‘nueva vida’ ha tenido sobre su cultura es indudable. Impacto negativo sobre su lengua, que ya muy pocos logran hablar de manera fluida, y sobre sus saberes ancestrales. Es el pueblo Iskonawa que, por su permanente convivencia y mestizaje con el mundo shipibo-konibo y el hispanohablante, está en serio peligro. Riesgos evidentes que los más jóvenes ya tienen identificados y que, dicen, piensan minimizar al máximo.

En ese contexto cerca de 70 iskonawas (se calcula que, en todo el Perú, tan solo quedan unos 110 miembros de este pueblo) se citaron en la comunidad nativa Chachibai, en la cuenca del río Callería, el último sábado 16 de enero. El objetivo: compartir e impulsar el Gobierno Autónomo de la Nación Iskonawa. Allí, desde los ancianos hasta los niños más pequeños se compartieron las dificultades por las que han tenido que pasar en las últimas décadas por la falta de un territorio: la discriminación por ser minoría, sus expresiones culturales relegadas, la migración por falta de oportunidades, y las enfermedades que les atacaron y diezmaron en gran cantidad, dejando la cifra al día de hoy en apenas un centenar.

La directiva electa está encabezada por los jóvenes que lideran y promueven el proceso. Foto: Cedida

Los tres jóvenes que encabezan esta propuesta, y que además vienen cursando estudios universitarios, son Gésica Pérez, Félix Ochavano y William Ochavano. Cuenta que, aunque están dispersos (los iskonawas viven tanto en Callería y Yarinacocha, como en provincias más lejanas como Atalaya e incluso Nueva Requena y Campo Verde), todos son familia, todos se conocen y, sabiendo de las dificultades y necesidades, buscan nuevos caminos para que su pueblo y su cultura no caiga en el olvido. “Queremos tener futuro, ser también presente. El mayor miedo es que muy pronto el Iskonawa esté solo en los libros de Historia, en los escritos de los antropólogos y los lingüistas. Tenemos el deber y la responsabilidad de evitar eso”, afirma William Ochavano, quien ha asumido la vicepresidencia de la organización que recién han conformado.

Lamentan que, tras más de seis décadas de contacto, no se propicien ni faciliten procesos de autodeterminación y de autogobierno. Tampoco entienden por qué ellos no tienen, como pueblo, ningún poder de decisión sobre territorios que llevan su nombre. Sienten que se ignoran sus pedidos, que no se les considera. “Nuestros abuelos han fallecido por las precarias condiciones. Viendo estas carencias, nosotros como pueblo no podemos fingir. Decidimos hacer esta reunión, coordinar y buscar una organización que vele por nuestros derechos”, menciona Félix Ochavano, también al frente de la esta iniciativa.

Mapa del pueblo iskonawa elaborado en el 2020 por Carolina Rodríguez Alzza, Pedro Ruiz y José Villacorta

Y es que, lamentan, haber estado siempre a la sombra de su vecino, el pueblo shipibo-konibo, uno de los más reconocidos y mayoritarios del país. Fueron tiempos en que, la dinámica de su propia historia, les llevó a adaptarse y compartir con ellos, a falta de un territorio propio. Esto, a su vez, condujo al mestizaje e incluso a que muchos asumieran el idioma shipibo como lengua principal, olvidando y desconociendo prácticamente su lengua madre, el iskonawa. Y es ahora, en la conformación de esa historia, que quieren dar un giro y ser quienes piloten y decidan su futuro. “Para nosotros el 16 de enero ha sido un día muy especial, un día histórico, después de 60 años de resistir a una cultura mayoritaria, a los pueblos predominantes”, comenta William Ochavano.

Si bien en el año 1998 el Estado peruano creó la Reserva Territorial Iskonahua, un área para pueblos que se encuentran en situación de aislamiento y en situación de contacto inicial en el país (pues todavía existen miembros del pueblo iskonawa en situación de aislamiento dentro de dicha reserva), el problema radica en que los iskonawas que se encuentran fuera afirman no tener conocimiento de cómo funciona. Tampoco entienden cómo tanto ellos como sus familiares directos, 60 años después de haberse dado el contacto, continúan bajo la categorización del ‘contacto inicial’ cuando ahora la realidad ha cambiado y las necesidades de su pueblo son otras.

La tercera generación de iskonawas, como se autodenominan, quiere priorizar la educación con la creación de escuelas donde los más pequeños puedan aprender el idioma, y con la formación de jóvenes profesionales que retornen lo aprendido a su comunidad. “Ahora solo tenemos tres jóvenes que están estudiando educación, todavía no tenemos profesionales egresados, pero tenemos la perspectiva de ayudar a nuestro pueblo”, menciona Gesica Perez.

El rol de la mujer iskonawa también debe, en este proyecto y visión, ser un elemento central. Nadie duda de que las mujeres iskonawas, y en concreto sus tres abuelas, han sido los pilares fundamentales para lograr que, a pesar de la dolorosa historia, todavía en cierta forma la cultura y los saberes del pueblo iskonawa sigan en pie. Un papel vital que, desde hace pocos años, está siendo fortalecido a través de la Asociación de Artesanas ‘Pari Awin’, encabezada por Neyra Pérez, hermana de Gésica, y la confección y venta de diferentes elementos culturales, como textiles con diseños tradicionales que mantienen viva esta parte de su cultura.

Los jóvenes iskonawas han decidido luchar por fortalecer sus raíces con miras a su presente y al futuro. En memoria de sus abuelos y abuelas, están dispuestos a batallar por su cultura y solo piden una cosa: aliados. Personas, organizaciones y el propio Estado que trabajen de igual a igual con ellos.

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