[PODCAST_#AmazoníaEsMujer] Janet, emprendiendo y transmitiendo el arte shipibo desde la libertad

Cuenta que, casi de casualidad, ‘abrió los ojos’ al emprendimiento como artesana. Ella conocía bien de sus destrezas con el tejido y el pintado de la iconografía de su pueblo shipibo-konibo, aprendidas desde muy niña con su madre como mejor maestra, pero jamás había pensado que gracias a ellas lograría la independencia económica y, lo que es más importante, el desarrollo personal y la felicidad. Mujer emprendedora, Janet Luz Cairuna Picota sigue marcándose nuevos retos. Conoce y escucha su historia a través del siguiente podcast de la serie ‘Amazonía Es Mujer’. 

Janet Cairuna tiene su propia empresa de artesanía llamada ‘Ayahuasca Joá’ (Flor de Ayahuasca). Foto: Pavel Martiarena

Por: Beatriz García Blasco (CAAAP) / Marjorie Moreyra (Cáritas MDD)

18:00 | 16 de octubre de 2020.- Janet nació y creció viendo a su madre tejiendo, pintando, moldeando y vendiendo la artesanía que brotaba de sus manos. Primero en Pucallpa “pues desde muy niña mis papás me sacaron de la comunidad para vivir en la ciudad, en Yarinacocha” y luego, por muchos años, en Iquitos. Hasta allí viajó toda la familia “en los peores años del país, porque mi madre quería vender sus trabajos para darnos buena educación y poder alimentarnos, éramos ocho hijos”. Ahora, tres décadas después de ese inicio, esta mujer, siempre expresiva y sonriente, ha encontrado su lugar en la capital de Madre de Dios. Ha logrado, con mucho esfuerzo, impulsar su propio negocio: la tienda ‘Ayahuasca Joá’ (Flor de Ayahuasca).

A Puerto Maldonado llegó hace más de diez años. Se dedicaba en exclusiva, con muchas otras hermanas indígenas, al cuidado de su casa y sus hijos. “Siempre estaba en el papel de madre y, aunque seguía haciendo artesanía, no era para comercializar, sino para ayudar a mi mamá. Hacía unos cuantos trabajos y le enviaba a mi mamá, pero yo no vendía”, explica. No era, por tanto, económicamente independiente y no había pensado, hasta entonces, que fuera algo tan importante. Pero eso cambió y hoy Janet se siente más feliz y plena que nunca.

Su voz y su sonrisa no engañan. Aunque el camino no ha sido fácil, le ha hecho frente a la vida con los dones que tiene y el sacrificio ha merecido la pena. La clave, para ella, es aprovechar todas las oportunidades que se presenten. La primera ocasión le apareció así: “Mi primer trabajo fue con Dirección Regional de Comercio Exterior y Turismo de Madre de Dios, que me invitó a dictar un taller para todas las mujeres ‘mestizas’, para las que quisieran aprender un poco del arte shipibo. Estuvimos trabajando durante un mes y ese fue, como dice la canción, ‘mi primer millón’. Me pagaron y me quedé sorprendida. No sabía que simplemente siendo una madre de familia y dictando un taller de lo que me gusta hacer me iban a pagar. Eso me fue abriendo los ojos y muchas puertas”.

Luego llegaron los concursos de emprendimiento. Janet ya tenía una idea, ya tenía un sueño y solo faltaba hacerlo realidad. Y lo ganó. Le premiaron con 2,500 soles para comenzar a implementar su negocio. “Con eso compré mi remalladora, telas y vitrinas exhibidoras para empezar”, explica. Desde entonces el trabajo siempre la ha acompañado, salvo este tiempo difícil de pandemia. La artesana shipiba participa en ferias regionales y nacionales donde, asegura, se puede dar a conocer y ampliar la cartera de clientes.

  • ¿Quién es Janet Cairuna?
  • Bueno, creo que es, ahora, una mujer luchadora y emprendedora, y que da el 100% por su trabajo y por seguir emprendiendo día a día.
  • ¿Es fácil?
  • No, para nada. Ganarte un lugar como mujer indígena en el mundo, en el pueblo o en la ciudad es muy difícil, hay mucha discriminación y siempre nos menosprecian, porque dicen que las mujeres estamos para ir a la chacra o para tener más hijos. Lamentablemente la mentalidad machista que aún hay en la sociedad existe.
  • Y, ¿cuál es su mayor logro?
  • Haberme logrado especializar en pintado y bordado, me certifiqué en 2018 acreditada por el Sistema Nacional de Evaluación, Acreditación y Certificación de la Calidad Educativa (SINEACE). Después de un riguroso examen y clasificar, fui la primera shipiba en certificarme como experta en diseño textil junto con otros artesanos de otras regiones. No todos tienen el privilegio de tener este título.

Janet quiere que su experiencia de vida sirva de inspiración: “Creo que como mujeres debemos dar el salto y apoyarnos, darnos la mano, sin discriminación entre nosotras. Todas como mujeres indígenas somos iguales y debemos apoyarnos para salir adelante”. Cree, además, que el objetivo final no es ganar más y más dinero, sino que la cultura continúe, que se transmita para que nunca muera. “Debemos seguir transmitiendo nuestros conocimientos para que no queden ahí, para que no se olviden. Sé que los shipibos no van a ser fácilmente olvidados,  pero hay otras culturas, lenguas indígenas y comunidades que no trabajan mucho la artesanía, pero la tienen, porque a través de la artesanía nos identificamos”, opina.

Libertad. Asegura que ese es el sentimiento que inspira sus creaciones porque es lo que logró cuando decidió, en contra de diferentes opiniones, emprender su sueño. “Una vez que dije ‘deseo hacer algo’ y voy a salir y voy a demostrar que yo puedo, desde ahí es que trato de transmitir la libertad que toda mujer debe tener”, opina la artesana shipiba.

  • Janet, ¿es feliz con lo que hace?
  • ¡Recontrafeliz! Amo mi trabajo, a mis hijos, a mi familia, a mi esposo… soy muy feliz con lo que soy. Todo esto… valió la pena.

Ella es Janet Luz Cairuna Picota. Mujer Shipiba. Mujer valiente. Un gran ejemplo de por qué la Amazonía tiene nombre de mujer.

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*Material elaborado en colaboración con el Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado y CAFOD.

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