Fiesta y lucha en la Panamazonía, se inicia en Tarapoto el VIII FOSPA

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Fotos: CAAAP

06:45|29 de abril de 2017.- En la memoria de los hombres y mujeres que batallan por un cambio real para la Amazonía, el 28 de abril podría no ser una fecha cualquiera.

Ese día, cientos de personas de una decena de países, algunos con apoyo externo, aunque muchos sin él, iniciaron su participación en el VIII Foro Social Panamazónico, que se realiza en el Perú.

Aquel viernes por la mañana, en la comunidad nativa quechua lamista de Wayku, a media hora de Tarapoto (ciudad sede del evento), Elena Pardo encendía con su canto único la flama que iniciaría el evento.

Flanqueada por cerca de doscientas personas, invocaba a las deidades a hacerse presente. «Apullay apukuna hampuykuy» decía, lo que se puede traducir como: vengan todos los apus para aquí para expresarles nuestro agradecimiento.

Una brizna de lluvia que más tarde arreciaría parecía ser la respuesta a su invocación, hecha desde la plaza, ahora mitad de piedra y mitad de hierba húmeda.

«Esta plaza es especial porque se trata de un centro ceremonial de los quechuas de la región (San Martín)», dijo Prudencio Guerra, conocido poblador de la zona.

Más temprano, la fuerza de los tambores y de cánticos de justicia habían animado la tranquila plaza de la casi bucólica comunidad, de poco más de siete mil habitantes.

—¿Qué es lo que queremos? —lanzaba al aire en un grito alguien con una pancarta al frente.

—¡Derechos ecológicos! —respondían por entonces los visitantes a la vez que amagaban ordenarse en un círculo.

También respondían que su lucha surge en la búsqueda de un futuro mejor para las nuevas generaciones, «por la niñez».

—¿Qué es lo que no queremos? —retrucaba otra vez la misma persona.

—Violencia ambiental.

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En un momento de la ceremonia de agradecimiento a la tierra, una práctica ancestral que nace en la zona andina, se presentan a la mesa delegados de cuatro regiones del país, de los cuatro puntos cardinales.

También se presentan representantes de países como Guayana Francesa, y de continentes como África, Asia y Europa, quienes en orden realizan una ofrenda a la tierra con alimentos, hoja de coca y tabaco.

«Bienvenidos sean los que nos acompañan en la sombra, la lluvia y la tierra», saluda minutos después Toribio Amasifuén, alcalde de la comunidad, pero también centro poblado, de Wayku.

«Somos indígenas y venimos a cuidar la naturaleza», agregaría casi cerrando la ceremonia para dar paso luego a la fiesta, para después retornar a Tarapoto.

Resuenan los tambores y surgen una ronda gigante, los abrazos, los rostros contentos. Todos danzan, jóvenes, adultos, población local, visitantes extranjeros, nadie se quiere quedar afuera.

A muy poco de culminar la ceremonia, nuevos lemas se hacen escuchar. «¡Viva la juventud, viva la niñez, viva la Pachamama!», grita Beatriz Ordoñez, mientras estampa golpes secos en su tambor.

La ceremonia y la fiesta culminan en Wayku poco después del mediodía, pero otra fiesta continúa hoy sábado. Más de mil personas se encuentran en Tarapoto listas para ofrecer soluciones para la grave situación de la Amazonía.

Algunos, los más optimistas, verán en el 28 de abril el indubitable principio de un cambio a favor de esta, mientras que otros creerán que aún falta mucho para eso, pero que, en resumidas cuentas, se está afirmando un camino.

 

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