“La selva se atiende poco porque no se comprende nada”. Oraldo Reátegui, director de ‘La Voz de la Selva’

La Voz de la Selva es mucho más que la voz de la Iglesia de Iquitos. Sus micrófonos son la voz de miles de loretanos indignados por el olvido recurrente del Estado hacia la Amazonía que, en esta crisis histórica, no solo se ha puesto en evidencia sino que viene causando mucha muerte y dolor. Oraldo Reátegui, director de esta emisora, lo analiza con nosotros

Oraldo Reátegui es uno de los hombres de prensa más conocidos de Iquitos. Foto: LVS

Oraldo Reátegui es uno de los hombres de prensa más conocidos de Iquitos. Foto: LVS

Por: Beatriz García Blasco – CAAAP

17:15|19 de mayo de 2020.- ¿Qué tiene Iquitos? El fuerte timbre de voz de Oraldo Reátegui, director y locutor de La Voz de la Selva, se quiebra cuando se le pide que describa a su ciudad natal. Iquitos, la ruidosa, la desordenada, pero a la vez la alegre y solidaria. Buen analista de la realidad local de Loreto,  tras décadas tras los micrófonos o ante las cámaras de la televisión, el periodista de esta emblemática emisora, fundada gracias a la unión de los vicariatos de San José del Amazonas y de Iquitos, asegura que es un error culpar, en exclusiva, a la gente. “Esto no es culpa de los loretanos, es un problema estructural de siempre”, opina. No oculta el dolor y la carga. El de trasladar las noticias más duras, el de sentir la responsabilidad de replicar los gritos de desesperación de los oyentes. Pero, a pesar de las desgracias, apela a la esperanza: “He sido un convencido de que la gente es lo que hace en momentos de crisis. Y esto es lo que somos: luces y sombras, desobediencia y solidaridad”.

¿Cómo se han enfrentado desde el micrófono a los sucesos de las últimas semanas?

Quizás lo más importante es destacar que esta pandemia nos plantea, no solo a quienes trabajamos en comunicación, sino a todos, una condición de permanente búsqueda de respuestas, porque las circunstancias son cambiantes de un día a otro. Es un permanente pensar, porque la información que nos llega nos enfrenta a situaciones diferentes. Desde los micrófonos  de La Voz de la Selva la situación es más compleja porque pone en evidencia viejos vicios de la educación. Se ha dicho muchas veces que Iquitos está como está porque la gente es desobediente, casi afirmando que la única responsable de los niveles altísimos de contagio es la gente. Lo cual no es cierto o, al menos, no dice toda la verdad. La situación de la salud en Loreto responde a problemas estructurales de abandono de parte del Estado, en general, a toda esta región y la selva en general, a la que se atiende poco porque no se comprende absolutamente nada. A nosotros nos ha tocado insistir en que, más allá de autoculparnos, o culpar a los que menos tienen porque al final tienen que salir a ganarse el día, y que es el grueso de la  población, hay algo más. Pretender hacer creer que todo es desobediencia oculta muchos problemas estructurales que se dan en todo el país pero de forma más marcada en la selva, en especial en Madre de Dios, Ucayali y Loreto. Estas tres regiones son lugares donde se siente muchísimo la exclusión del Estado, con sistemas de atención hospitalaria pésimos y niveles de corrupción sorprendentes, que son la principal causa por la que esto se nos ha ido de las manos. No es de extrañar, porque todos los sistemas de salud del mundo han sido puestos en cuestión, hasta los más reconocidos. Lo que ha pasado en Loreto no es culpa de los loretanos, es un problema estructural desde siempre. Hay parte de responsabilidad, pero no es solo eso, pues también se pone en evidencia la falta de liderazgo que es el mayor problema que hay en esta región.

¿A qué se refiere?

Hemos tenido un gobernador que se ha sentido desplazado, lo que ha sumado a su incapacidad para tener un liderazgo y, de pronto, ha desaparecido. Entonces, en los momentos en que se debían implementar las medidas acordadas inicialmente, cuando estábamos enfrentando solamente dengue, el gobernador bajo su escaso liderazgo casi hasta desaparecer. Igual los alcaldes, por hablar solamente de Iquitos. Solo tuvieron un fugaz protagonismo con el dinero de las bolsas de víveres. No hay quién administre la ciudad en términos de mercados, por ejemplo. Hasta ahora no están los alcaldes.

¿Cómo han manejado tanta información? ¿Cuál ha sido su horizonte?

Hemos visto que los medios están echando cuentas de muertos e infectados. Una cifra o estadística que no moviliza, solo asusta, paraliza. El porcentaje de información sobre la prevención, sobre cómo proceder, sobre los sistemas… eso es lo que no había. La gente empezaba a asustarse, a abarrotar los hospitales a infectarse y a generar mayor presión. Nosotros hemos estado intentado dosificar eso, darle más información a la gente respecto a los síntomas, y eso es difícil para quienes no somos profesionales en salud y encontrarles era complicado porque estaban desbordados. Por ejemplo, cómo explicar que no es lo mismo una opresión del pecho que puede darse por ansiedad, a una falta de oxígeno por agitación, es complicado decirlo por radio, pero había que decirlo, así como los diferentes tipos de tos, todo  para poder hacer una suerte de autodiagnóstico. Hemos intentado mantener un porcentaje de información que sirva de autoayuda a la gente. Así como otras informaciones para el acceso a los bonos, pues a primera hora estaban llenos los bancos y a partir del mediodía estaban vacíos y nadie iba a cobrar. No hemos querido estar todo el día cantando muertos e infectados, cifras que a la fecha no hay con total seguridad,  hemos intentado ser una suerte de contención para que la gente asuma las tensiones que hay entre las cuatro paredes de la casa, por ejemplo. Que se pueda aprovechar el confinamiento para mirarse a la cara y conversar. El reto ha sido no quedarnos en aves de mal agüero contando muertos, y más bien ir aportando elementos para ayudar a la gente a la contención. Esa ha sido nuestra marca.  

Imagen del Hospital de Loreto que más ha sido replicada en medios internacionales. Foto: Ginebra Peña / EFE

Imagen del Hospital de Loreto que más ha sido replicada en medios internacionales. Foto: Ginebra Peña / EFE

¿Es posible mantener la entereza y no derrumbarse? ¿Se hace prensa en un contexto donde la información llega prácticamente sin buscarse?

Efectivamente, nos ha pasado sobre todo con la ruralidad, porque la radio tiene esa marca de ruralidad permanente desde su fundación. Hay gente ahí que solo confía en La Voz de la Selva y, por eso, las llamadas desde las comunidades han sido permanentes transmitiendo gran desesperación. Desde la exigencia de que el bono les toque, hasta la solicitud de que se surta a la posta precaria de algunos medicamentos, o que se le pida al Gobierno el abastecimiento de víveres. Al cerrarse los ríos había comunidades donde no había alcohol, fósforo, sal o azúcar. Cosas que no se producen en el campo, ya no había. La gente te pedía que por favor no fueran las embarcaciones burlando los controles, pero igual seguían transportando pasajeros de forma irresponsable. Llamaban comunidades indígenas que habían tomado la decisión de cerrar su río y que, porque se trataba del alcalde o un maderero que tiene poder, les enfrentaban y pasaban por encima de la soga que se ponía en el río. Nos llamaban pidiendo ayuda. Las poblaciones de las fronteras nos han pedido permanentemente, ha sido un clamor y era doloroso no poder darles respuesta, la necesidad de un puente aéreo llevando productos de primera necesidad. Ahí todo cuesta dos o tres veces más. En la parte de Colombia todo se cerró y lo que se conoce como los ‘cacharreros’, comerciantes extranjeros principalmente, que van vendiendo en lanchas desde jabón, sal o productos similares a cambio de pepitas de oro u hoja de coca… ya no había. La pobreza y falta de alimentos es impresionante en la frontera. Y nosotros tenemos que recibir todas esas llamadas. También las de quienes se quedaron varados en la ciudad porque vinieron a vender productos y no tenían cómo salir. Ha sido una situación muy tensa, y sigue, no ha pasado todavía.

¿Cómo continúa la situación?

Seguimos cubriendo protestas como la de un grupo de Requena que lleva más de dos meses andando por las calles en malísimas condiciones, exponiéndose tanto a contagiarse como a transmitirlo. Hemos insistido en que se planteen estrategias para los varados internos de la región, al menos para darles un espacio, una escuela que puede ser adaptada, unas ollas comunes… pero no se puede dejar a la gente en la calle. Enfrentamos día a día las quejas de los ciudadanos que no encuentran oxígeno, o que encuentran que venden las medicinas a funcionarios del sector salud con precios sobrevalorados, o gente que por 200 soles te consigue una cita para una tomografía… Esas cosas son terribles. También hemos tenido gente que a través de Facebook nos dice ‘tenemos a una persona de mi casa que ha viajado a Iquitos, pero no tenemos comunicación’, y tener que contestarles con la terrible noticia de que hemos encontrado en un registro de Salud Ambiental que su cadáver ha sido encontrado en la calle como indigente, y lo han embolsado y se lo han llevado a enterrar, y está solamente su nombre porque encontraron el DNI. Tener que decirle eso a la gente cuesta mucho, no estamos haciendo prensa sino siendo otro actor más, ayudando. Eso es complicado y doloroso, es difícil estar en la radio porque eso no solo ocurre en las tres horas de programa, sino las 24 horas del día. Recibir llamadas a cualquier hora de la noche, cuando hay comunicación desde la frontera porque recién engancha la señal o la batería solar no se había cargado… es terrible.

En el trabajo, ¿cómo se van organizando?

Estamos trabajando más de 12 horas continuas desde casa. Desde hace semanas compañeros se han puesto mal, no podían ir a su casa para no contagiar a su familia, así que hemos tenido que habilitar la radio para que dos compañeros vivan ahí. Se hacen cargo de la emisora, les atendemos con lo que se necesita para vivir y ellos nos hacen los contactos para hacer los programas de manera remota. Es una situación estresante y complicada, pero hay que seguir, estamos mucho mejor que otros sectores como los médicos, que lo pagan con su vida incluso.

¿Es lo más difícil que le ha tocado vivir en su vida?

Sí, desde luego. Y lo más doloroso es decirle a alguien que su familiar ha fallecido. Incluso a un compañero de la radio nos ha tocado darle la noticia de que su mamá había desaparecido y, después, que ya no vivía, que teníamos que buscarla porque solo era un papel. Finalmente hemos conseguido cierta información sobre su paradero.

Hay gente que nunca volverá a saber qué pasó con su familiar, ¿no?

Efectivamente, es muy terrible y doloroso.

Todas las muertes duelen, pero también les ha tocado contar el deceso de muchas personas conocidas en Iquitos, desde médicos a compañeros de los medios, ¿cómo afrontar eso?

Es difícil, y se complica porque cuando de alguna manera tienes la responsabilidad de tener un micro y, por eso puedes decirlo más fuerte que otros, que deben morderse su silencio, sientes que tienes una carga para “hablar por” o “hablar de” y, entonces, tienes que ser fuerte y cuestionarle y encararle a quien tiene el poder porque no está respondiendo como mínimamente se espera. Es una presión, en ese sentido, y a veces quisiéramos decir probablemente cosas que no aportan mucho pero que ayudan a sacar la bronca que no solo tiene el periodista, sino que tiene la audiencia y que espera que el periodista le ayude a sacar, gritando y diciendo la verdad. Es lo que tienes para reivindicarte y decir esta es mi voz y esta es mi denuncia. Ese es otro plano, el de la representación que no te la has pedido, pero que la gente espera de ti, que tú les representes. Por eso te llama y te dice vamos a salir en protesta y queremos que tú pongas tu micro, tu parlante, para que se nos escuche porque no contamos para el poder. Y ese compromiso no es fácil.

La colecta solidaria del Vicariato permitió la compra de insumos médicos y plantas de oxígeno. Foto: LVS

La colecta solidaria del Vicariato permitió la compra de insumos médicos y plantas de oxígeno. Foto: LVS

Hablando en positivo. La nota más bonita de estas semanas ha sido la campaña de solidaridad del Vicariato de Iquitos. ¿Se esperaba algo así?

No lo esperábamos. Habíamos hecho una ‘campañita’, digo pequeña por los resultados, para pedir a la gente que nos ayuden a comprar alimentos y medicinas para los que viven del día a día. Y la respuesta fue pobre, muy poca, incluso la Iglesia tuvo que rascar de algunos proyectos, de unos ahorros que hay siempre para atender algunas situaciones. Pero cuando se decidió esta campaña, que fue una cuestión de horas, y que luego de cuatro o cinco horas se empezaba a saber que la gente respondía… eso tiene varias cosas. De un lado, puso en evidencia que todo lo que se decía de Loreto, que somos desobedientes e irresponsables, con esto se veía que no solamente éramos eso, sino que éramos capaces de ser solidarios entre nosotros, de decir ‘yo me compro el pleito’ y me comprometo. Y también hubo gente desde el otro lado del mundo, desde otras ciudades de Perú. La evidencia está en las fotos que mandaban de los depósitos. Ahí se demostró lo que somos capaces de construir entre nosotros y con el resto del mundo. Hay otras campañas que se han lanzado después en diferentes lugares para intentar ayudar, incluso en Lima, pero pese a que otras ciudades están pasando situaciones mucho peores, no han logrado despertar ese nivel de respuesta.

¿Hay explicación para una respuesta tan grande?

Creo que tiene que ver con cómo la gente del mundo en general se construye una imagen sobre Iquitos y desarrolla una relación de empatía, afecto y emocionalidad con esta ciudad y con todo Loreto. Nuestra meta eran S/. 400,000 y se superó el millón y medio en solo dos días. La gente ha tenido identificación con Loreto pero también con el hecho de que sea dinero destinado a oxígeno. Es gráfico que la región que se considera el pulmón del mundo, que purifica el aire del planeta, tenga a su gente muriendo por falta de oxígeno. Esa figura, esa contrariedad ha hecho que mucha gente se haya apuntado. Me atrevería a decir que hay un último elemento que también es gráfico y, ojalá, podamos estudiar después con detenimiento. Creo que ante un vacío de liderazgo de las autoridades regionales, la gente necesita siempre tener a alguien que le represente en sus necesidades y le permita organizarse alrededor de la visión que construye esa persona, como lo hace Vizcarra, más allá de si bien o mal, pero con su mensaje de todos los mediodías.

¿No había nada?

Había una desolación completa, no teníamos información, nos sentíamos abandonados. Era un ‘sálvese quien pueda’. Y de pronto sale la voz de una institución, que es la Iglesia, y que a pesar de las críticas y nuestros errores, nuestras luces y nuestras sombras, probablemente somos de las instituciones existentes, la más confiable. Y la figura de un sacerdote, el Padre Raymundo, se sumó a ello. Ha logrado desarrollar una empatía enorme de la ciudad. La gente necesitaba una luz, una guía, ponerle un rostro a su unidad y necesidad de caminar juntos. Y la Iglesia tuvo ese rostro humano de solidaridad y convocatoria en el Padre Raymundo. Es la figura, pero detrás está la identidad de la Iglesia, la organización, la institución, porque Raymundo nunca capitalizó sobre su imagen, siempre estuvo insistiendo sobre la Iglesia y la figura de nuestro obispo. La gente necesitaba confiar en algo y quien aparece, a pesar de las críticas y las sombras que también tenemos, es la Iglesia. Y la gente apostó porque la gente apuesta por la vida. Alrededor de esta colecta se han producido muchísimos otros beneficios y productos que son tan o más valiosos que el propio oxígeno. Nos ha sorprendido totalmente, ni en la esperanza más idealista se podría creer que esto sucediera.

¿Qué tiene Iquitos? ¿Por qué genera estos sentimientos?

No lo sé. Yo he nacido en esta ciudad, los retazos de mi vida están en las calles, en su gente, yo puedo hablar de mi ciudad pero no sé cómo la ve el resto del mundo. No lo sé, pero uno siente una sensación muy bonita cuando esto pasó porque Iquitos es la cuarta o la quinta ciudad que más ha golpeado el Perú, lo único que Iquitos supera en la cantidad de médicos que han fallecido y ha muerto, que estamos después de Lima, pero en peores situaciones está Piura o Lambayeque, pero la gente ha decidido por Iquitos, no sé lo que tiene Iquitos, algo hay. Mi vida es aquí, no alcanzo a explicar, no tengo idea.

¿Volveremos a ser los mismos?

Espero que no, y creo que ahí todos tenemos que hacer algo y, fundamentalmente, trabajar la educación porque la forma en que nos vinculamos con la educación ha marcado la forma en que nos hemos vinculado en esta crisis. He sido un convencido de que la gente es lo que hace en momentos de crisis. Y esto es lo que somos: luces y sombras. Somos desobediencia, poco responsables, construimos verdades a partir de retazos que tienen poco de certeza, pero también somos solidaridad porque ha habido y siguen habiendo respuestas solidarias. Estoy convencido de que Iquitos va a ser diferente después de esto y, además, es una esperanza. Tenemos que revertir las cosas que tenemos como sociedad excluyente y racista, esto es una oportunidad en una situación extrema como la que atravesamos.

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