Turismo y coronavirus: El caso de la Comunidad Nativa de Shintuya, entrada al Parque Nacional del Manu

Por: Lic. José Carlos Ortega

Actual maestrando del Programa Trandes (FU Berlín & PUCP) y tesista de la maestría de Antropología (PUCP)

Pintura de inspiración Haramkbut sobre las paredes del internado para estudiantes de la Comunidad Nativa Shintuya. Foto: JC Ortega

Pintura de inspiración Haramkbut sobre las paredes del COAR de la Comunidad Nativa Shintuya. Foto: JC Ortega

12:05|07 de abril de 2020.- Para llegar a Shintuya se debe partir del Cusco, en minivan, desde el control de San Jerónimo. Es de donde sale el transporte hacia Paucartambo y al Parque Nacional del Manu. Maestros, enfermeras, comerciantes, antropólogos, biólogos y turistas son los pasajeros. La carretera llega a su altura máxima en Huancarane (5000 msnm) y desciende hasta llegar a Paucartambo. De allí, nuevamente, se sube hacia Tres Cruces (3,368msnm) y desde este abra se observa el paso hacia la Amazonía. Algunos toman fotos con sus celulares, otros dormitan mientras la carretera nos conduce a nuestros destinos.  Atravesamos, sentados en una minivan, múltiples pisos ecológicos tales como quechua, puna, bosque de altura, bosque de nieblas, ceja de selva y selva baja[1]. Se observan en la carretera grupos de gringos con lentes enormes: ellos son los “pajareros”, turistas o biólogos que desean observar aves endémicas de la región como el gallito de las rocas. En el camino se multiplican los lodges donde se ofrece el retiro perfecto para turistas, generalmente extranjeros, que han visitado los monumentos históricos cusqueños. En siglos y décadas anteriores, esta misma ruta abría paso a los antiguos soldados quechuas, aventureros españoles, misioneros católicos y evangélicos, caucheros, hacendados y, ahora en el siglo XXI, a turistas.  

La minivan pasa rauda, primero, por Patria, y luego Pillcopata (distrito de Kosñipata). Ya estamos retirándonos de la región Cusco e ingresamos poco a poco a la región Madre de Dios. Debemos cruzar el río Carbón para llegar a la capital de la provincia del Manu: Salvación. Aquí nos apertrechamos de víveres, dinero y la obligatoria parada para el almuerzo o la cena. El único hombre que hace transporte diario de Salvación hacia Shintuya es el famoso Cotayo. Su bus, hecho de remiendos de partes de otros destartalados buses, permite el traslado de comuneros, personal de salud, maestros y turistas hacia el territorio de los Amarakaeri. Se observan desde la ventana, al costado de la vía, las casitas dispersas de colonos andinos. Algunas se agrupan y forman caseríos o centros poblados como Santa Cruz, Mansilla y San Isidro. Una hora más y llegamos a la comunidad nativa de Shintuya.

Existen más de dos mil comunidades nativas en la Amazonía peruana. Cada una de ellas tiene particularidades que se determinan, a modo de resumen, principalmente por los siguientes factores: cercanía a los centros urbanos, pertenencia a un grupo étnico, grado de bilingüismo, vías de comunicación (carretera, río o camino de montaña), número de población, religión (católica o evangélica), presencia de trabajo asalariado o no, existencia de servicios de agua potable, electricidad y telefonía, entre otros. Categorizarlas a todas ellas como homogéneas es un terrible error. En el imaginario popular, se consideran como “alejadas”, “dispersas” y que, en consecuencia, es “complicado acceder a ellas”. Su lejanía, aparentemente, no las ubica en los dilemas del mundo moderno y, supuestamente, están seguras del padecimiento de enfermedades y conflictos nacionales e internacionales. Asimismo, los habitantes de estas comunidades genéricas “tienen acceso a chacras y a cotos abundantes de caza”, lo que no las hace dependientes del mundo exterior. No se niega que puedan existir comunidades con algún grado de lejanía, dispersión y acceso a abundantes recursos naturales; pero no es totalmente cierto. No es el caso de Shintuya.

La comunidad tiene tres bodegas que abastecen a los habitantes de arroz, fideos, enlatados, y verduras, entre otros productos. La dieta no se basa exclusivamente en lo que se pueda obtener de las quebradas, monte o chacras. Hay una complementariedad en la alimentación producto de la interacción fluida con el mercado nacional. “Como yo estoy comprando diario, los precios están subiendo. Subió el arroz. Subió a S/. 4.00. Prefiero hacer tacachos que arroz porque el tacacho no me cuesta hacerlo. El arroz estaba a S/. 3.00”, menciona Willi Corisepa, el actual vicepresidente de la comunidad. Él es promotor del turismo local a través del Proyecto Oteri que trabaja con la ayuda de sus familiares y voluntarios extranjeros. El estado de emergencia ha generado que los comerciantes, frente al temor del desabastecimiento, suban sus precios. Este fenómeno no es estrictamente urbano, es nacional. “Frente a la pandemia y el estado de emergencia, aquí los que actuamos somos los miembros de la junta directiva. Participamos todos. Porque si vamos a decidir qué personas (van a ser responsables), reunirse en asamblea quita tiempo para la gente. Algunos tienen que trabajar, buscar la comida. Así que colaboramos entre todos. La gente me avisa a mí y yo ya sé lo que tengo que hacer y mi obligación de hacerlo. Todos estamos supervisando. Porque todos estamos en pánico, no solamente yo. Porque es un pueblo pequeño y se puede hacer esa actividad (de vigilar)”.

El misionero José Álvarez 'Apaktone', muy estimado por el pueblo Haramkbut del Alto Madre de Dios. Foto: Misioneros Dominicos

El misionero José Álvarez ‘Apaktone’, muy estimado por el pueblo Haramkbut del Alto Madre de Dios. Foto: Misioneros Dominicos

A finales de 1950, cuando los hijos de Santo Domingo de Guzmán, encabezados por el P. José Álvarez Apaktone (quien ya llevaba décadas recorriendo el río Madre de Dios), comenzaron a llevar la palabra de Dios, escuela y centros de salud a los ancestros Amarakaeri de los actuales habitantes de Shintuya, constataron la presencia de enfermedades que diezmaron gravemente a la población nativa. La presencia de estas pestes se explica por la hollada de caucheros, colonos, soldados, entre otros personajes, que transitaron por el Alto Madre de Dios en búsqueda de fama, fortuna y sangre durante décadas de fluido contacto. Los sobrevivientes, los actuales abuelos, recuerdan aún cómo la gripe, el sarampión, la tos ferina, etc., se llevaron los cuerpos y almas de sus familias. Ahora, la memoria de la muerte traída por los wayris (hombres blancos o caballeros en idioma harakmbut), ha brotado nuevamente porque las “gringas” (una alemana, una italiana y una australiana) llegaron, horas después del mensaje a la nación donde se decretaba el estado de emergencia, a Shintuya. 

A pesar de las revisiones organizadas por el personal del centro de salud, los comuneros se mantienen alertas y expectantes ante la presencia de esas voluntarias. Por eso, Willi Corisepa camina junto a ellas cuando es necesario trasladarse hacia la chacra, les indica que deben permanecer al interior de su vivienda el mayor tiempo posible y que eviten hablar y establecer contacto con los comuneros. “Les dije (a los comuneros) que yo iba a caminar con ellas y les voy a tener juntas […] más que todo la gente mayor, que no se alteren, porque ellos son los que han sufrido y conocen las consecuencias de una enfermedad”. También se encuentran en la comunidad un brasileño, que llegó hace dos semanas, y una española que ya vive en Shintuya dos meses.           

Gracias al wifi de la comunidad, los residentes de Shintuya se comunican con sus familiares, leen noticias y comparten imágenes. El fluido de la información es constante y se notifican de todo lo acontecido en el mundo globalizado. Ya para el viernes 20 de marzo las voluntarias fueron trasladadas fuera de la comunidad para, así, evitar que tengan contacto con la población durante la cuarentena. Les han habilitado una casa en una chacra donde tienen víveres. Ellas se dedican a labores de horticultura, además de aprender a vivir en el monte. Actividades para las cuales han llegado inicialmente a Shintuya. 

Local comunal de Shintuya desde donde se lanza la señal wifi. Algunos comuneros se acercan para informarse a través de sus celulares. Foto: JC Ortega

Local comunal de Shintuya desde donde se lanza la señal wifi. Algunos comuneros se acercan para informarse a través de sus celulares. Foto: JC Ortega

Es errado pensar que las comunidades nativas son homogéneas y no tienen contacto con la sociedad nacional. Las familias de Shintuya obtienen ingresos por la actividad turística, así como otras comunidades ubicadas en la zona de amortiguamiento del Parque Nacional del Manu. Las autoridades nacionales y locales deben diagnosticar cómo afectará a decenas de familias de comunidades nativas el estado de emergencia. Los ingresos de los ciudadanos ubicados en la zona de amortiguamiento dependen del turismo. En Shintuya, el 29 de febrero, se realizó el 1° Concurso de Emprendimientos Rurales Inclusivos convocado y organizado por el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social a través del Programa de Haku Wiñay. Miembros de las comunidades nativas de Palotoa Teparo, Diamante, Shintuya y Shipeteari participaron. La pandemia del coronavirus irrefrenablemente afectará estos emprendimientos relacionados al turismo vivencial. ¿Cuál será la respuesta del Estado?    

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[1] Ver Fernandez Alonso, Miguel (1992) “Shintuya: Continuidad y cambio”. Lima: PUCP.

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