Mons. David Martínez de Aguirre, en Roma: “Las plumas son lo externo, miremos y descubramos su corazón”

Acumular sólo una cosa en la vida: relaciones personales. Dialogar con la naturaleza. Saber entablar alianzas. El Secretario Especial del Sínodo de la Amazonía y obispo del Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado, David Martínez de Aguirre, invita al mundo occidental a conocer y escuchar la voz propia de los pueblos indígenas para que ellos sean quienes muestren quiénes y cómo son.

Monseñor David, durante la primera rueda de prensa del Sínodo de la Amazonía. Foto: Beatriz García

Monseñor David, durante la primera rueda de prensa del Sínodo de la Amazonía. Foto: Beatriz García

 

Beatriz García Blasco – CAAAP

Roma. 08 de octubre de 2019.  Mientras Francisco pronunciaba su discurso inaugural del Sínodo de la Amazonía en presencia de los cerca de 300 participantes, la sala rompió en aplausos en varios momentos. Uno, sin duda, fue este: “Ayer me dio mucha pena escuchar, aquí dentro, un comentario burlón sobre ese señor piadoso que llevó las ofrendas con plumas en la cabeza. Decíme, ¿qué diferencia hay entre llevar plumas en la cabeza y el tricornio que usan algunos oficiales de nuestro Dicasterio?”.

Una pregunta que el Papa lanzó al mundo y que evidencia, una vez más, el trato igualitario, de personas a personas, que debe imponerse y normalizarse cuando hablamos, dialogamos, caminamos y apoyamos a las poblaciones indígenas. De la Amazonía o de cualquier otro lugar del planeta. Igualdad.

Sobre esto, en rueda de prensa ante medios internacionales, se interrogó a monseñor David Martínez de Aguirre, obispo del Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado y, en este Sínodo Especial de la Amazonía, asumiendo el importante rol de Secretario General. “Yo, particularmente, me siento con un cierto escrúpulo ante los pueblos indígenas con quienes he vivido”, afirmó en referencia a los 15 años que convivió en la Misión de Kirigueti con indígenas matsigenkas de la selva del Cusco (Perú), “sentir que yo vaya a ser quién les represente… Mi experiencia me dice que ellos tienen voz propia y, además, cuentan con los mecanismos para mostrarse al mundo”. Propone, el obispo de corazón matsigenka, ser simplemente aliados, poner a su servicio los medios occidentales para que sean los representantes indígenas quienes, con voz propia, muestren lo que son.

Como misionero, compartió casi 15 años de su vida con indígenas matsigenkas del Bajo Urubamba. En la imagen, con niños del pueblo yine de Santa Teresita. Foto: Pavel Martiarena

Como misionero, compartió casi 15 años de su vida con indígenas matsigenkas del Bajo Urubamba. En la imagen, con niños del pueblo yine de Santa Teresita. Foto: Pavel Martiarena

Admitiendo que, en ocasiones, “tenemos nuestro Occidente un poco aburrido” que tiende a dar una mirada folclórica al mundo indígena, Martínez de Aguirre pidió dar un paso más. Ir por delante. “La mayor parte de los indígenas no visten plumas. Son adornos que les identifican y que se ponen para eventos especiales, como cuando el Papa les visitó”, aclaró. ¿Acaso en Occidente no se usan trajes especiales, por ejemplo, en las bodas? “No vamos todo el día vestidos de novia”, bromeó.

Enlazando su idea, la propuesta, aunque quizás resulte evidente, hay que recordarla una y otra vez con el objetivo de extender su práctica: “Nos cuesta mirar al corazón y descubrir qué es lo que hay de verdad en estos pueblos. Lo descubrimos en su manera de relacionarse con la naturaleza, entre ellos, de establecer alianzas. No acumular nada en la vida, solo relaciones humanas. Hay un montón de cosas que descubrir en ellos. Tienen voz propia y saben hacerlo”.

Inculturación: los pasos aún por caminar

Interrogado también por la propuesta de inculturación de la Iglesia Católica con los pueblos amazónicos, sus culturas, cosmovisiones y costumbres, el Secretario Especial del Sínodo Amazónico apostó por seguir dando los pasos que, en su opinión, todavía faltan. “A veces nos quedamos en creer que el misionero que logra aprender el idioma, y que logra meterse en el mundo de una comunidad indígena incluso con sus costumbres, con sus vestimentas, como que ese es el paso de la inculturación. Pero hay que dar otros pasos”, comentó. En su opinión restan, al menos, dos etapas más. La segunda: que los pueblos sean quienes capten ese mensaje en sus propios códigos, lo valoren y decidan con qué se quedan. La tercera: que, a través de ese mensaje que les servirá más o menos, puedan mirar y estudiar sus propias costumbres, su propia forma de ser en base al Evangelio.

“Lo que se pretende es que se dé más fuerza al segundo y tercer momento en que ellos son los sujetos de la evangelización y no los objetos, donde ellos mismos van apropiándose de ese mensaje y le van dando un colorido específico más acorde con su cultura y van también tamizando su propia cultura a la luz de ese mensaje”, concluyó sobre este asunto.

El Papa visitó el Vicariato de Puerto Maldonado en enero de 2018. Foto: Álex Racua

El Papa visitó el Vicariato de Puerto Maldonado en enero de 2018. Foto: Álex Racua

Aquel 19 de enero de 2018

Inevitable para monseñor David Martínez de Aguirre no recordar aquella fecha que permanecerá por siempre en su retina: 19 de enero de 2018. “Hoy estamos en el corazón de la Iglesia después de que el Papa Francisco se ha venido a la Amazonía y ha tenido un encuentro con los pueblos indígenas. Ha tenido la iniciativa de escucharles. Les ha escuchado y ha querido hacerse un eco. Y ellos le han pedido: Papa Francisco, queremos que seas nuestro aliado”, recordó.

Admirado del ejemplo que Francisco está dando el mundo, pide seguir al Santo Padre. Él está al lado de los pueblos indígenas y está logrando visibilizarlos, sacarlos del anonimato y de la marginación que por tantas décadas y siglos han sufrido: “Lo emocionante quizás de este Sínodo es cómo el Papa Francisco ha sido capaz de traer a la Amazonía al corazón de la Iglesia y ponerla también en la mesa de diálogo de nuestro planeta, del mundo entero”.

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