La esperanza amazónica mira con ojos de mujer

En el contexto de las asambleas pre-sinodales celebradas en Lima, Yurimaguas e Iquitos, con participación de representantes de los vicariatos de la Amazonía, se recogen perspectivas y anhelos de rúbrica femenina que muestra nuevas perspectivas a la Iglesia en la construcción de nuevos caminos. Todo en alianza con los pueblos originarios

En las asambleas pre-sinodales se está considerando la problemática de las mujeres indígenas como un tema prioritario. Foto: CAAAP

En las asambleas pre-sinodales se está considerando la problemática de las mujeres indígenas como un tema prioritario. Foto: CAAAP

22:56|07 de febrero de 2019.- Con rostro preocupado a la par que agradecido la señora Ali del Águila tiene claro cuál sería su mensaje hacia el Papa Francisco en caso pudiera hablarle cara a cara: “Que no se olvide nunca de los pobres”. Moradora del centro poblado Nuevo San Juan, a tres horas de surcada desde Pucallpa, ella también es una mujer amazónica y defensora de la selva que le envuelve en su día a día. No es indígena de sangre, pero sí de corazón. Así se extrae de su discurso en defensa de los pueblos originarios. Palabras de convencimiento fruto de una convivencia de muchas décadas con hermanos shipibos a orillas del Ucayali. Cuenta que es animadora de iglesia y que, entre sus funciones, está “ver por las problemáticas, por las injusticias… no sólo es hablar de Dios… nuestra responsabilidad es luchar por los derechos de los demás”.

Esa es la Iglesia en la que cree y de la que se siente parte, a pesar de los desalientos e incluso la soledad que a veces le invade. Y eso es lo que solicita: acompañamiento. “Les pido que lleguen más a los pueblos olvidados. Tienen que vivir y convivir con nosotros, en nuestra realidad. Que no se queden en la ciudad. Que haya más presencia, más misioneros, más acompañamiento, más apoyo de cerca”, detalla con claridad. Además, cree que la atención que el Santo Padre está dando a la Amazonía y las amenazas que la acosan debe convertirse en una oportunidad de cambio. “De corazón, felicito al Papa por la preocupación que está mostrando hacia los pueblos originarios y su interés por conocernos y preservar toda su riqueza cultural”, agradece la señora.

Como ella, los eventos presinodales que vienen sucediéndose han contado con la activa participación de mujeres con perfiles diversos y enriquecedores entre sí. Uno de ellos, el de las religiosas que trabajan en la zona y que aspiran a mejorar su labor constante de escucha, ayuda y acompañamiento de los pueblos. María Lucía Gavilanes, Misionera Eucarística de Jesús, se desempeña en la Parroquia La Inmaculada Concepción de Quillabamba (Cusco) perteneciente al Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado. “Además del trabajo urbano en la ciudad, debemos atender a 53 comunidades campesinas”, concreta, “son muchas, nos faltan manos y nos apena no poder atenderles a todos de forma más cercana”.

En las asambleas pre-sinodales se está considerando la problemática de las mujeres indígenas como un tema prioritario. Foto: CAAAP

En las asambleas pre-sinodales se está considerando la problemática de las mujeres indígenas como un tema prioritario. Foto: CAAAP

De sus reflexiones se entreteje un llamado a frenar, a través de la educación, la discriminación muchas veces oculta tras conductas cotidianas. “Nos educan en las diferencias, en el ‘yo soy mejor que tu’ o ‘yo tengo más que tú’ o ‘yo puedo más porque me he educado en tal lugar’… y eso crea desigualdades difíciles de revertir”, comenta la misionera. En esa línea es que reza por una Iglesia que se sitúe en igualdad con la gente. “A veces creemos que somos los misioneros quienes tenemos que ser solamente defensores, los que vamos por delante, o los únicos que tenemos la varita mágica de la solución y no es así”, confiesa Gavilanes, “tenemos que estar acompañándoles pero ayudándoles a que sean los pueblos quienes vayan sacando y mostrando a la sociedad lo valiosos que son”.

“Soy shipiba y siempre lo seré”

En la filial de Atalaya (Ucayali) de la Universidad Católica Sedes Sapientiae, más conocida como NOPOKI, el valor de la identidad, el orgullo indígena, se respira en cada rincón. En ese contexto cursa estudios de Educación Intercultural Bilingüe Lilian Jeaneth Inuma, de etnia shipiba. Reconoce que cuando ingresó a la universidad no le interesaba la religión, le era indiferente, pero en la convivencia con jóvenes de otros pueblos y el conocimiento de la Palabra de Dios se le abrieron nuevos caminos.

  • ¿Qué es lo que más le duele de la Amazonía?
  • Me duele que muchos de nosotros somos excluídos. Me duele escuchar decir que los pueblos indígenas no pueden pertenecer a la Iglesia Católica o ser más grandes porque nosotros tenemos nuestros propios derechos y costumbres. Creo que tenemos derecho, como todos, a salir y prosperar, ser profesionales. No solo amas de casa o pescadores.
  • ¿Qué les diría a quienes piensan así?
  • Sería bueno que la gente viniera a convivir con nosotros un rato, pues la gente de afuera no conoce la realidad de nuestras comunidades, sino que más bien se están perdiendo de cosas bien ricas. Nosotros solo vivimos ahí de lo que la naturaleza nos provee y, como decían nuestros abuelos “para qué la ciudad si ahí van a morirse de hambre”.
  • ¿Qué opina sobre la pérdida de la identidad cultural?
  • Bueno, es cierto que como ahora la gente se empareja con otras etnias y con personas de la ciudad, a veces los niños escuchan varios idiomas y terminan confundidos. Algunos ya no quieren hablar en idioma porque tal vez es complicado o es que simplemente no quieren porque los vecinos nos malorientan diciendo que es raro escucharles hablar así. Nos hacen pasar vergüenza, pero eso ya está en la personalidad de cada uno. Algunos se avergüenzan de la vestimenta, pero otros no lo hacemos. Nos gusta decir de donde venimos, porque sabemos que vivimos en un lugar único. En la ciudad uno ni siquiera puede respirar, el ambiente es muy diferente.
  • ¿Cómo vive usted su identidad cultural?
  • Desde pequeña crecí en la ciudad, pero mis papás son shipibos. Por eso sé desde pequeña hablar shipibo porque me enseñaron ellos y mis abuelos. A pesar de eso nunca me he olvidado de mis raíces y mi lengua. Además, ahora estudiar en una universidad biligue hace que uno se interese en querer hablar en otros idiomas también. Ser shipiba para mí es algo natural, es algo bonito. Aunque me vaya a otra ciudad u otro país no pienso olvidarme nunca de mi idioma. Soy shipiba y mi sangre shipiba siempre va a correr por mis venas.

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La fuerza de Francisco, el Papa amigo

“Sé que va a regresar y cumplirá las palabras con las que se ha expresado a los indígenas y, como ahora se está viendo, que cada indígena debemos aclamar y expresar nuestras necesidades. Sé que él va a analizarlo, pues él siente como cada uno de nosotros. Sé que él rezará por nosotros”. Norma Sánchez, mujer de facciones marcadas y determinación asháninka, también participó en las asambleas siendo voz de uno de los pueblos más recónditos de la Amazonía peruana, la provincia del Purús, en la frontera con Brasil.

Ella fue una de las privilegiadas en almorzar, durante la visita del Papa Francisco a Puerto Maldonado, con el Santo Padre. Un encuentro que recuerda como único, maravilloso… “una bendición”. Un evento que, opina, dio aliento a los miembros de la iglesia que, como ocurre en el Purús, están a falta de más manos que apoyen y visiten a las comunidades. En el caso de Purús, detalla, dispersas a lo largo de varios días de viaje en río. “Al indígena, si no le visitas, es como que no te interesas por ellos, que no te importan… pero con poca gente es muy difícil ir cada semana, por eso lo que necesitamos es gente para propagar la Palabra de Dios entre nuestros hermanos”, considera.

Norma, María Lucía, Lilian y Ali. Mujeres diversas pero con sentimientos, sueños y creencias que se dan la mano. Que se entrelazan y tejen una misma visión de la iglesia y cómo debe ser, de ahora en adelante, su relación con el mundo amazónico de la que todas forman parte.

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