Víctimas de esterilizaciones forzadas, recibiendo con ellas la noticia de la anulación del indulto a Fujimori

Foto: Verónica Shibuya

Rosa del Carmen Reátegui, Aurelia Paccohuanca y Almanzor Salazar Mestanza luego de su llegada a Lima provenientes de EE.UU., donde participaron de una audiencia ante la CIDH. Foto: Verónica Shibuya

-En un aeropuerto de EE.UU., camino de retorno al Perú, junto a valientes mujeres, nos enteramos de una noticia que ninguna esperaba: Alberto Fujimori volvería a prisión al declararse nulo el indulto irregular que le fue otorgado el 24 de diciembre pasado. 

Por Verónica Shibuya

14:20|06 de octubre de 2018.- Sus rostros me enseñan que no hay peor batalla que la que no se hace; que no importa el tiempo, la forma, el lugar o la cantidad de personas que nos acompañan en el camino, cuando de obtener justicia se trata por todo lo sufrido. En el Perú, hombres y mujeres somos muchas veces testigos silenciados de grandes injusticias. Hace unos años nos quebramos por las denuncias de esterilizaciones forzadas realizadas a miles de mujeres de distintas partes del país, tanto en los Andes como en la Amazonía.

Bajo la fachada de un Programa Nacional de Salud Reproductiva y Planificación Familiar, el gobierno de Alberto Fujimori puso en marcha una maquinaria cruel que tenía como objetivo principal la reducción de la población en zonas rurales, porque entendía que a menos habitantes pobres menos iba a ser el índice de pobreza en el país.

Las esterilizaciones se practicaron principalmente a mujeres indígenas y campesinas, bajo condiciones médicas y quirúrgicas lamentables y sin tener el consentimiento de ellas en la gran mayoría de los casos. Se reportaron numerosas muertes. No se tomaron en cuenta factores sociales ni culturales. Algunas, antes de ser intervenidas, fueron acosadas, engañadas, amenazadas, maltratadas psicológica y físicamente, atravesando episodios depresivos y padeciendo violencia intrafamiliar por causa de ser esterilizadas.

El 1 de octubre, Aurelia Paccohuanca (Cusco), Rosa del Carmen Reátegui (Loreto) y Victoria Vigo (Piura) expusieron sus casos ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en el marco de su 169 periodo de sesiones, que tuvo lugar en la ciudad de Boulder-Colorado (Estados Unidos). La presentación sirvió para que el Estado peruano, a través de sus representantes (Procuraduría Pública Especializada SupranacionalMinisterio de Salud y Ministerio Público), reconozca las violaciones a los derechos humanos cometidos por el gobierno del exdictador contra miles de mujeres.

Aurelia, Rosa del Carmen y Victoria por fin sintieron que sus voces tenían valor, que en adelante nadie se atrevería a decir que sus testimonios son inventados. Pude luego hablar con ellas, ver de cerca, en sus miradas, las huellas que dejan el dolor y una larga indiferencia, la desolación que causa que te hayan arrebatado algo preciado: el hecho de volver a concebir. Pero también pude sentir su fuerza y resistencia, las que les ha llevado a dar un paso adelante en su larga batalla: hacer que, a 20 años de la nefasta política de Fujimori, el Estado reconozca su responsabilidad y que tiene mucho por hacer en adelante para la reparación integral a las víctimas.

Foto: CIDH

Aurelia, Rosa del Carmen, Victoria y Almanzor, junto a representantes de organizaciones de la sociedad civil del Perú y representantes de la CIDH. Foto: CIDH

En el mismo grupo también estuvo Almanzor Salazar Mestanza, joven de 20 años, natural de Cajamarca, cuya madre, Mamérita Mestanza, murió luego de ser esterilizada. Almanzor es el menor de siete hermanos. Pide que el Estado peruano repare el daño ocasionado a su familia; no exige dinero, sólo desea que el gobierno atienda su derecho a la educación superior, desea una carrera universitaria. Anhela estudiar psicología para brindar ayuda profesional a personas que, como él, les tocó vivir episodios amargos y duros.

Ningún gobierno puede hacer lo que hizo la dictadura con las mujeres indígenas y campesinas en los noventa. No podemos concebir que una historia así se repita, nada puede menoscabar el derecho que tiene cada persona a decidir sobre sí misma. La violencia estructural que existe, principalmente contra las mujeres, debe desaparecer  para dar lugar a un Estado que de verdad esté al servicio del individuo y la colectividad.

Luego de escuchar a Aurelia, Rosa del Carmen, Victoria y Almanzor, así como al valiente grupo de mujeres que las acompañó en la sala, todas ellas de organizaciones de sociedad civil, cruzamos nuevamente caminos en el aeropuerto, camino de retorno al Perú. El miércoles 3 de octubre el país recibió la noticia de que Alberto Fujimori volvería nuevamente a la cárcel al haberse declarado nulo el indulto que le otorgó Pedro Pablo Kuczynski el 24 de diciembre del año pasado.

En EE.UU., muy cerca de partir, la noticia nos dejó heladas. Un hombre que nos escuchaba conversar sobre Fujimori nos dijo que habían anulado su indulto y que volvería a la cárcel. Luego, segundos de silencio. Luego, lágrimas. Aurelia y Rosa del Carmen estaban conmigo, abracé a la primera y luego fui a buscar los brazos de la segunda. Luego solo siguió el regocijo.

Ni Fujimori ni sus ministros de Salud, los que ejercieron cargo en los años de las esterilizaciones, han sido investigados a nivel judicial por estos crímenes; aunque la anulación del indulto tuvo que ver con los casos de las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta, encontramos en dicha anulación algo de justicia para nuestra causa. No perdemos la fe de que en algún momento los responsables de las esterilizaciones paguen por sus culpas. Desde abril de este año, existe una orden para que se denuncie formalmente a Alberto Fujimori, lamentablemente, la fiscal a cargo no cumple con aplicar este mandato.

No perdamos de vista los reclamos de Aurelia, Rosa del Carmen y Victoria, que también son los reclamos de otras miles de mujeres que, como ellas, llevan muchos años buscando justicia. Aunque pasajero, es algo de paz lo que ellas tienen en este momento. Después de mucho tiempo algo de justicia se asoma a nuestras vidas.

A continuación la audiencia completa del caso ante la CIDH:

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