La Cuenca Amazónica posee la mayor diversidad biológica del planeta. Pero ella requiere ser vista de manera integral, no sólo como un espacio físico sino también como un espacio humano, en donde existe una continua relación entre la diversidad etnocultural y la diversidad biológica. Los pueblos indígenas que la habitan ancestralmente unen sus demandas al medio ambiente. Para ellos es primordial la defensa de su territorio porque es el ámbito de su supervivencia física y socio-cultural y de su proyección futura. La problemática amazónica no es solamente ecológica sino también política y social.
La Amazonía Peruana tiene una extensión de 736,445 Km2 y constituye alrededor del 62% del territorio nacional, que representa aproximadamente un 15% de la Cuenca. Fabulada y poco comprendida, alberga la presencia de 65 pueblos indígenas agrupados en 12 familias lingüísticas. Estos han desarrollado diversas estrategias de adaptación y cambio para alcanzar su supervivencia en condiciones adversas de subordinación económica, política y socio-cultural. Su población nativa hasta hace poco no formaba parte de la conciencia nacional.
La Amazonía presenta una diversidad que enriquece el Perú, pero en el país hemos producido una cultura monologal, urbana y centralista que excluye a las demás, produciendo así ciudadanos de primera y segunda clase. La pluriculturalidad, expresión de riqueza, requiere del diálogo intercultural que permita una cultura del derecho y de la articulación de la igualdad con la diferencia. Es decir, transitar por el largo camino de la interculturalidad, que reta nuestra actitud etnocéntrica y relativiza nuestros puntos de vista.
En estos dos últimos siglos las actividades de extracción descontrolada de los recursos naturales han producido daños irreparables de índole social o cultural, económica y ambiental en la Amazonía Peruana. Actualmente fuertes impactos socio-ambientales alcanzan un rango de urgencia: la explotación y comercialización de hidrocarburíferos, la extracción maderera, el cultivo y comercialización ilícita de la hoja de coca. Junto a la riqueza natural existente en la Amazonía está el otro lado de la medalla: la expansión de la pobreza, que es síntoma y causa, y continúa obstaculizando los esfuerzos del desarrollo amazónico. La pobreza viene acompañada de analfabetismo, salud precaria, bajo estatus de la mujer, degradación de los suelos y cambios en el ecosistema.
Finalmente, existen otros elementos que impactan de manera profunda aunque imperceptible: los modelos educativos que no toman en cuenta la realidad socio-cultural y los medios de comunicación que difunden e imponen estilo de conducta uniformes que afectan la identidad y la ética profunda de las culturas amazónicas.
En las últimas décadas, las organizaciones han seguido un proceso constante de proyección hacia la participación política en ámbitos regionales y nacionales, trascendiendo su espacio local. Los cambios desenvueltos en los espacios de presencia e influencia de las organizaciones indígenas se expresan tanto en sus discursos como en sus prácticas. Hasta hace algún tiempo se ha elevado su nivel propositivo mientras que ahora tienen un discurso político y una forma de relación con el Estado y la sociedad civil que plantean propuestas para su desarrollo articulado al desarrollo nacional.
La etapa de transición democrática que vive el país se presenta como una oportunidad de expandir los limitados espacios de diálogo y concertación entre las diferentes organizaciones indígenas amazónicas; gobiernos locales e instituciones, posibilitando mecanismos de participación para encausar propuestas viables de solución a sus problemas locales y regionales y afirmar una verdadera ciudadanía indígena y peruana que contribuya a una cultura democrática.

















